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Nuestra segunda piel sostenible

Nuestra segunda piel sostenible

Se han cumplido cinco años del derrumbe del edificio Rana Plaza en Bangladesh que causo la muerte a más de 1.100 trabajadores y más de 2.000 heridos en talleres textiles de algunas de las marcas de medio mundo.

La segunda industria más contaminante del planeta, después de aquel desastroso derrumbe se ha sensibilizado y está intentando crear una nueva filosofía “slow fashion”, basada en el consumo más racional. Los derechos humanos y el cuidado al medioambiente están echándole un pulso a la moda barata de usar y tirar.

La revolución empezó dando la vuelta a las etiquetas de la ropa, preguntarse dónde se había fabricado cada prenda con campañas mediáticas como Who Made My Clothes (¿Quién hizo mi ropa?) o acuerdos para cambiarle la cara al sector que representa el 81% de las exportaciones en Bangladesh.

Hoy en día, todas las firmas quieren ser verdes o tener una colección “green”, incluso las marcas de “fast fashion” intentan vender prácticas sostenibles mientras fabrican camiones de ropa desechable. Hay iniciativas como la de H&M que apuesta por una colección innovadora y sostenible, realizada a partir de materiales textiles reciclados. El objetivo de esta campaña es que se trabaje para garantizar un trabajo más justo. La compañía sueca utilizó el año pasado materiales reciclados que constituyeron un 35% del uso total del material de la marca y el 59% del algodón empleado también provino de fuentes sostenibles. Firmas españolas como Oysho también apuestan por esta iniciativa con una colección “Join Life” que tendrá el objetivo de reducir el impacto ambiental y proteger la biodiversidad.

No solo marcas “low cost” se apuntan a la sostenibilidad, como se afirmó en la pasada Jornada Condé Nast International Luxury Conference celebrado en Lisboa, firmas como Burberry están experimentando con nuevos tejidos y materiales con el objetivo de transformar el sector.

Pero a pesar de estos avances, según el informe de Boston Consulting Group y Global Fashion Agenda publicado el año pasado, se prevé que el sector aumente sus emisiones anuales de residuos y energía en un 60%, mientras que su consumo de agua aumentará en un 50% para 2030. En Occidente aún estamos desconectados de esta situación de tiranía y esclavitud que se vive en países del Tercer Mundo. A pesar de que las grandes cadenas hagan colecciones “green” el modelo no está cambiando, se debería producir menos y consumir lo necesario apostando por la sostenibilidad.